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Fue profesor durante veinticinco años antes de entrar en política. Lo hizo, asegura, sin grandes ambiciones personales y con la única intención de colaborar en áreas como la educación y la cultura en su municipio. Décadas después, Francisco Linares es alcalde de La Orotava y diputado en el Parlamento de Canarias, dos responsabilidades que compagina convencido de que el verdadero aprendizaje no está en los libros ni en los despachos, sino en la calle.
“Cuando uno está dando clases vive en un mundo muy concreto. La política te permite conocer la realidad completa, la que se ve y la que muchas veces permanece oculta. Ha sido un auténtico máster de vida”, afirma.
Un alcalde que escucha
Linares presume de una forma de hacer política basada en la cercanía. No es una pose. Recibe a miles de vecinos al año y mantiene una rutina que lo lleva a recorrer constantemente las calles de La Orotava. Considera que un alcalde debe estar disponible para sus ciudadanos y que la escucha es una de las herramientas más importantes del servicio público. “Un buen alcalde debe hablar poco y escuchar mucho”, resume.
La experiencia le ha permitido conocer historias de todo tipo. Situaciones personales difíciles, problemas familiares, necesidades urgentes y también ejemplos de superación que, reconoce, le han dado más de una lección de vida. “Cuando recibes tanta gente, aprendes todos los días. Hay vecinos que te enseñan más en una conversación de diez minutos que muchos cursos en toda una carrera”.
Esa cercanía también tiene un precio. Las llamadas a cualquier hora, los encuentros improvisados en la calle o los timbres que suenan en casa forman parte de la normalidad. Pero lejos de verlo como una molestia, lo entiende como una consecuencia natural del cargo: “Nací en La Orotava, mis padres son de allí y mis hijos viven allí. No concibo la política desde otra perspectiva que no sea la proximidad”.
De las aulas al Ayuntamiento
La pregunta sigue apareciendo con frecuencia: ¿por qué abandonar una vida estable como docente para entrar en política? Linares sonríe cuando responde: “Mi mujer me lo sigue preguntando”.
Todo comenzó cuando el entonces alcalde de La Orotava, Isaac Valencia, le propuso colaborar en proyectos relacionados con la cultura y la educación. Aceptó pensando que sería una experiencia puntual. Sin embargo, aquel paso terminó marcando el inicio de una trayectoria pública que lo ha llevado a convertirse en una de las figuras más reconocibles del municipalismo canario. “Entré para ayudar, sin pretensiones. Nunca imaginé todo lo que vendría después”, confiesa el alcalde.
Durante aquellos años impulsó iniciativas culturales que contribuyeron a reforzar la identidad local y la proyección exterior del municipio. Desde entonces, asegura, ha intentado desempeñar sus responsabilidades con la misma filosofía: trabajo, honestidad y cercanía. “Estamos aquí voluntariamente, nadie nos obliga. Por eso no me quejo de las horas ni del esfuerzo. Quien asume una responsabilidad pública debe dar lo mejor de sí mismo”, asevera.
El Parlamento como una nueva escuela
Cuando en 2023 tomó posesión de su escaño en el Parlamento de Canarias, muchos interpretaron aquel paso como un movimiento político complementario a la alcaldía. Él reconoce que existía esa percepción, pero cree haber demostrado con hechos su compromiso con la Cámara autonómica: “No he faltado a un pleno ni a una comisión. He presentado cientos de iniciativas y he participado activamente en los debates más importantes de esta legislatura”.
Para Linares, la experiencia parlamentaria ha supuesto descubrir una nueva dimensión de la realidad canaria. Si como alcalde aprendió a gestionar los problemas de un municipio, como diputado ha tenido que comprender los desafíos del conjunto del Archipiélago. “He aprendido una asignatura nueva que se llama Canarias. He conocido mejor la sanidad, la vivienda, las infraestructuras, la agricultura o la discapacidad. Y he entendido la enorme importancia que tienen las leyes que se aprueban allí”. Considera además que la presencia de alcaldes y concejales en el Parlamento ha contribuido a acercar la institución a la ciudadanía: “Hemos llevado sabor a pueblo a una Cámara que durante años fue percibida como demasiado distante”.
La política frente al drama humano
Entre todos los asuntos que ha abordado durante esta legislatura, ninguno le ha marcado tanto como la realidad de las personas afectadas por la ELA. Su intervención en defensa de los enfermos de Esclerosis Lateral Amiotrófica fue uno de los momentos más emotivos de su actividad parlamentaria. Detrás de aquellas palabras había reuniones, conversaciones y experiencias personales con familias que convivían diariamente con una enfermedad devastadora.
“He recibido a personas que meses después ya no estaban. Eso te hace comprender que detrás de cada expediente hay una vida que se apaga”. Linares recuerda que el coste de mantener unas condiciones mínimamente dignas para un enfermo de ELA en fases avanzadas puede superar los 10.000 euros mensuales. Una cifra que considera inasumible para la mayoría de las familias. “No puede ocurrir que solo puedan afrontar dignamente la enfermedad quienes tienen recursos económicos. La dignidad debe estar garantizada para todos”.
Por eso defiende una mayor implicación de las administraciones y rechaza cualquier fórmula de copago: “La política buena está para estas cosas. Está para resolver dramas humanos”.
La lucha contra la burocracia
Otro de los frentes en los que más ha insistido es la agilización administrativa, especialmente en materia de discapacidad. Recuerda que Canarias llegó a acumular decenas de miles de expedientes sin resolver y que muchas personas esperaban durante años una valoración de la que dependían ayudas, prestaciones o recursos esenciales. “Una persona con una enfermedad degenerativa no tiene tiempo para esperar. La burocracia no puede convertirse en una condena”, añade; y reconoce los avances logrados durante los últimos años, pero insiste en que queda mucho camino por recorrer. “Mientras haya una sola persona esperando una respuesta que necesita para vivir dignamente, no podemos sentirnos satisfechos”.
Defender el campo es defender Canarias
La agricultura, la ganadería y el sector vitivinícola ocupan también un espacio destacado en su agenda política. Linares habla de ellos con pasión porque entiende que representan mucho más que una actividad económica: “Cuando exportamos vino canario no estamos exportando solo vino. Estamos exportando paisaje, cultura, tradición e historia”.
Le preocupa especialmente el abandono progresivo de determinadas actividades agrícolas y la dificultad para incorporar jóvenes al sector. “Si desaparecen las viñas, desaparece una parte de nuestra identidad. El paisaje que conocemos hoy existe gracias al esfuerzo de quienes lo cuidaron durante siglos”, agrega. Considera imprescindible garantizar rentabilidad y condiciones dignas para quienes decidan continuar con el trabajo de generaciones anteriores.
Canarias como identidad abierta
La defensa de Canarias aparece de manera constante en su discurso político. Sin embargo, rechaza cualquier interpretación excluyente del concepto de identidad. “Mi nación es Canarias porque nací aquí, vivo aquí y siento esta tierra como propia. Pero eso nunca puede significar cerrar puertas”.
Recuerda que miles de canarios emigraron en busca de oportunidades y considera que la historia del Archipiélago está profundamente ligada a la solidaridad y a la acogida. “Canarias nunca ha sido una tierra intolerante. Somos hijos y nietos de emigrantes”.
Esa misma visión explica su defensa del producto local y de las singularidades económicas y culturales de las Islas. “Si en el Parlamento de Canarias no defendemos nuestros vinos, nuestros quesos, nuestra miel o nuestras frutas, estaríamos renunciando a una parte de lo que somos”.
La Orotava como referencia
A pesar de su creciente protagonismo regional, La Orotava sigue ocupando el centro de su vida política y personal. Las fiestas patronales, el Corpus Christi y el tapiz elaborado con tierras del Teide continúan siendo algunos de los momentos que más emoción le generan cada año. Habla de ellos con el orgullo de quien entiende que representan mucho más que una celebración local. Son, a su juicio, una expresión de la identidad cultural de Canarias y del esfuerzo colectivo de generaciones enteras.
“El tapiz es arte, tradición y sentimiento. Son semanas de trabajo para una obra que dura apenas unas horas, pero cuyo valor permanece para siempre”, dice Linares.
El refugio de la familia
Entre reuniones, plenos, actos públicos y visitas institucionales existe una rutina que Linares mantiene intacta desde hace décadas. Todos los días regresa a casa para almorzar con su mujer: “Es un momento sagrado. Pase lo que pase, intento cumplirlo”.
La conoció siendo apenas un joven en un baile de carnaval y desde entonces han compartido más de cuarenta años de vida en común. En ella encuentra el equilibrio necesario para afrontar las exigencias de la actividad pública.
Y si hay una imagen que resume lo que realmente considera importante, no está relacionada con la política. Está vinculada a su nieto David, al que acompaña cada año durante uno de los momentos más íntimos y emocionantes del Corpus Christi: “Que mi nieto pueda vivir conmigo esa experiencia es un regalo”.
Quizás ahí esté la mejor definición de Francisco Linares. La de un profesor que decidió aprender de su pueblo, que cargó sobre los hombros la mochila de los problemas cotidianos y que hoy intenta trasladarlos a las instituciones. Un político que sigue creyendo que escuchar es tan importante como gobernar y que la utilidad de la política se mide, sobre todo, en la capacidad de mejorar la vida de las personas.


