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Leopoldo Afonso, alcalde de Puerto de la Cruz.
Leopoldo Afonso, alcalde de Puerto de la Cruz.

Leopoldo Afonso: «Quiero devolver al Puerto de la Cruz el brillo que nunca debió perder»

Hay entrevistas que terminan hablando más de la persona que del cargo. La conversación con Leopoldo "Polo" Afonso transita precisamente por ese camino. A sus 37 años, el alcalde del Puerto de la Cruz habla de gestión, de turismo, de Playa Jardín o de grandes proyectos para la ciudad, pero también de la familia, del padre al que sigue recordando cada día y de una manera de entender la política basada en escuchar al vecino antes que en ocupar un despacho.
09/07/2026

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Hay entrevistas que terminan hablando más de la persona que del cargo. La conversación con Leopoldo «Polo» Afonso transita precisamente por ese camino. A sus 37 años, el alcalde del Puerto de la Cruz habla de gestión, de turismo, de Playa Jardín o de grandes proyectos para la ciudad, pero también de la familia, del padre al que sigue recordando cada día y de una manera de entender la política basada en escuchar al vecino antes que en ocupar un despacho.

Dos años después de acceder a la Alcaldía, Afonso defiende que el municipio ha cambiado el rumbo tras una etapa de fuerte desgaste político y social. Reconoce que aún queda mucho trabajo por delante, pero asegura tener claro cuál es el modelo de ciudad que persigue: un Puerto de la Cruz cuidado, cultural, moderno y capaz de recuperar el prestigio turístico que durante décadas lo convirtió en referente de Canarias.

La familia como escuela de vida

Antes que alcalde, Leopoldo Afonso se define como hijo de Leonor y de un padre cuya ausencia sigue marcando profundamente a toda la familia. Es el menor de tres hermanos —Lope, Gema y él— y recuerda una infancia feliz entre la calle El Peñón y el barrio de San Felipe del Tejar.

La muerte repentina de su padre, hace casi trece años, supuso un antes y un después: «Fue un mazazo para todos. Mi padre tenía solo 61 años y todavía le quedaban muchos años por disfrutar de la vida junto a mi madre, con nosotros y con sus nietos».

Habla de él con admiración. Lo recuerda como un hombre profundamente creyente, generoso y protector, capaz de ayudar a cualquiera sin esperar nada a cambio, pero firme cuando se trataba de defender a su familia. Su madre, Leonor, consiguió mantener unida a la familia tras aquella pérdida. «Mis padres siempre nos enseñaron que, pasara lo que pasara, los tres hermanos debíamos seguir siendo una piña», explica; una enseñanza que continúa guiando tanto su vida personal como su forma de ejercer la responsabilidad pública.

Una vocación que nació muy pronto

Mientras otros jóvenes dudaban sobre su futuro, Afonso tenía claro desde la adolescencia, desde los 14 años, que quería estudiar Derecho. En aquella decisión influyeron dos personas: su hermano Lope, que ya estudiaba la carrera, y su padre, un apasionado de la actualidad política y jurídica pese a no haber cursado estudios universitarios.

Aquellas conversaciones familiares despertaron en él un interés que terminó convirtiéndose en profesión. Más tarde ejercería principalmente en los ámbitos del Derecho Civil y Administrativo, aunque también tuvo experiencia en otras ramas jurídicas.

La política llegó casi al mismo tiempo. Reconoce que siempre sintió curiosidad por entender cómo funcionaban las instituciones y que antes de afiliarse al Partido Popular dedicó tiempo a leer y escuchar distintas corrientes ideológicas: «Siempre tuve claro que mi forma de entender la sociedad coincidía con los postulados del centro-derecha». Así, con apenas 16 años ingresó en Nuevas Generaciones del Partido Popular, convencido de que la política debía entenderse como una herramienta para mejorar la vida de los ciudadanos y no como un fin en sí mismo.

Del despacho de abogado a la Alcaldía

Su entrada en la política municipal no estaba prevista. De hecho, cuando el entonces candidato popular, Ángel Montañés, le propuso acompañarlo en la lista electoral de 2023, su primera respuesta fue la sorpresa. «Pensaba que me ofrecería un puesto testimonial. Cuando me dijo que quería que fuera el número dos, le pedí un par de semanas para pensarlo», contaba el alcalde.

Aquella decisión implicaba dejar un despacho profesional consolidado y asumir una responsabilidad completamente distinta. Terminó aceptando. Nunca imaginó, sin embargo, que pocos meses después acabaría convirtiéndose en alcalde.

La marcha de Montañés al Gobierno de Canarias situó a Afonso al frente del grupo municipal popular y, posteriormente, la moción de censura apoyada por Coalición Canaria y Asamblea Ciudadana Portuense cambió definitivamente el rumbo político del municipio.

Todavía hoy reconoce emocionarse al recordar el momento en que juró el cargo: «No hay mayor privilegio que ser alcalde del pueblo que me vio nacer». Aquel día, asegura, pensó inmediatamente en dos figuras. «Le pedí al Gran Poder de Dios que iluminara mi camino y me acordé de mi padre. Le pedí que siguiera ayudándome desde arriba».

«El político es un empleado del pueblo»

Quien visite cualquier mañana el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz comprobará una imagen habitual: vecinos esperando para hablar directamente con el alcalde. Lejos de verlo como una carga, Afonso considera que ese contacto permanente forma parte esencial de su trabajo. «El político tiene que estar siempre con la gente. Nosotros somos empleados del pueblo», se confiesa Leopoldo.

Su despacho recibe cada día a ciudadanos que acuden con problemas de muy distinta naturaleza, desde desperfectos en una calle hasta cuestiones personales que afectan a sus barrios: «Cuando un vecino me cuenta un problema intento asumirlo como si fuera mío».

Pero el despacho no basta. Por eso se ha impuesto una disciplina personal: recorrer cada semana distintos barrios caminando, sin coche oficial, entrando en cafeterías, hablando con comerciantes y visitando las calles donde aparecen las quejas. «Muchas veces los políticos nos obsesionamos con los grandes proyectos y olvidamos lo cotidiano. Lo primero que quiere un vecino es que su calle esté limpia, que las aceras estén bien y que los jardines se cuiden».

Para él, esa cercanía constituye la mejor herramienta para conocer las verdaderas prioridades del municipio.

El cambio de rumbo del Puerto de la Cruz

Afonso sostiene que el principal reto al llegar al gobierno fue recuperar la confianza de una ciudadanía cansada, ya que encontraron un municipio “muy deteriorado”.

En su opinión, durante años se había priorizado un modelo basado casi exclusivamente en la organización de eventos mientras se descuidaban servicios esenciales: «No estoy en contra de las fiestas. Al contrario, forman parte de nuestra identidad. Pero gobernar no puede consistir únicamente en organizar fiestas».

El ejemplo que utiliza para explicar aquella situación es Playa Jardín. El cierre por contaminación de la principal playa turística del norte de Tenerife fue, asegura, el detonante definitivo para impulsar el cambio político. «Era impensable que un símbolo del Puerto permaneciera cerrado por falta de mantenimiento”, sostiene el alcalde.

Desde su llegada a la Alcaldía, explica, la prioridad fue coordinar actuaciones con el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife para mejorar la red de saneamiento, ejecutar obras y avanzar en la modernización del ciclo integral del agua.

«Queda mucho por hacer, pero ya hemos demostrado que el problema tenía solución cuando las administraciones trabajan juntas.»

Un nuevo modelo turístico y cultural

El alcalde considera que el Puerto de la Cruz vive una segunda transformación turística. A la renovación hotelera iniciada años atrás se han sumado nuevos establecimientos de cinco estrellas que, en su opinión, permiten atraer un visitante con mayor poder adquisitivo y alargar la estancia media.

Sin embargo, insiste en que el futuro no puede depender únicamente del turismo. Su apuesta pasa también por convertir el centro histórico en un gran espacio cultural.

Entre los proyectos estratégicos destaca la recuperación del antiguo Cine Chimisay, adquirido recientemente por el Ayuntamiento, y la futura construcción del Parque San Francisco, que completará un gran eje junto a la antigua Casa Ventosa —hoy propiedad del Cabildo— y la Casa Díaz Fragoso.

«Queremos crear una auténtica manzana cultural donde convivan patrimonio, espacios públicos, actividad artística y turismo de calidad”, añade; y reconoce que algunos proyectos necesitarán más tiempo del previsto.

«No voy a engañar a nadie. El Parque San Francisco no estará terminado antes de las próximas elecciones. Prefiero decir la verdad que crear falsas expectativas”, asegura.

Recuperar la ilusión de ciudad

Cuando habla del futuro, Afonso evita centrarse únicamente en las obras. Su objetivo, explica, consiste en recuperar el orgullo de pertenencia de los portuenses: «Todos recordamos aquel Puerto de los años sesenta y setenta que era referencia turística de Canarias. Yo quiero recuperar ese espíritu adaptándolo al siglo XXI”.

Entre las prioridades sitúa la creación de nuevos aparcamientos, la mejora del espacio público, la rehabilitación urbana y la continuidad de las inversiones privadas. También pide mayor colaboración política.

«Las grandes cuestiones de ciudad deberían estar por encima de las diferencias partidistas”, continúa; y considera que el clima político se ha relajado notablemente respecto a etapas anteriores.

Las Fiestas de Julio, el alma del Puerto

Hablar del Puerto de la Cruz es hablar inevitablemente de sus Grandes Fiestas de Julio. Afonso reconoce que le resulta imposible explicar con objetividad lo que significan para un portuense. Su emoción aparece especialmente al hablar del Gran Poder de Dios.

«El Viejito forma parte de mi vida desde niño. Gran parte de mi fe nace precisamente de esa devoción”, añade.

A esa tradición se suma la Virgen del Carmen, cuya embarcación congrega cada año a decenas de miles de personas. Defiende que las fiestas han recuperado su esencia sin disparar el gasto público.

La clave, asegura, ha sido optimizar recursos, atraer patrocinio privado y trabajar de la mano de empresas y promotores culturales que consideran al Puerto de la Cruz un escaparate privilegiado.

El resultado son unas celebraciones que combinan tradición religiosa, actividad cultural y proyección turística.

Un futuro construido paso a paso

La llegada de grandes eventos internacionales, nuevas inversiones hoteleras y proyectos culturales alimenta el optimismo del alcalde, aunque evita triunfalismos. «El Puerto de la Cruz es un diamante en bruto que todavía tenemos que seguir puliendo”, añade.

Reconoce que nunca imaginó llegar tan pronto a la Alcaldía cuando aceptó acompañar a Ángel Montañés como número dos de la candidatura popular. «Yo trabajaba para que él fuera alcalde. El destino quiso otra cosa”, dice el alcalde.

Dos años después mantiene intacta la misma idea que tuvo el día de su toma de posesión: trabajar con responsabilidad para dejar un municipio mejor del que encontró.

Su horizonte no está en la próxima cita electoral, asegura, sino en las próximas décadas: «Quiero que dentro de quince o veinte años podamos mirar atrás y decir que el Puerto de la Cruz recuperó definitivamente el lugar que nunca debió perder”.

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