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Fátima Lemes, alcaldesa de Arona, en el Programa de Manuel Artiles.
Fátima Lemes, alcaldesa de Arona, en el Programa de Manuel Artiles.

Fátima Lemes: «Arona necesitaba volver a creer en sí misma y ese ha sido el mayor cambio de estos tres años»

Tres años después de convertirse por primera vez en alcaldesa de Arona, Fátima Lemes hace balance de un mandato en el Programa de Manuel Artiles donde, asegura, ha estado marcado por la reconstrucción institucional de un municipio que encontró paralizado, por decisiones difíciles y por un compromiso absoluto con su tierra.
23/07/2026

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Tres años después de convertirse por primera vez en alcaldesa de Arona, Fátima Lemes hace balance de un mandato en el Programa de Manuel Artiles donde, asegura, ha estado marcado por la reconstrucción institucional de un municipio que encontró paralizado, por decisiones difíciles y por un compromiso absoluto con su tierra. Repasa los momentos más duros de su llegada al Ayuntamiento, habla de la familia que la sostiene, de la enfermedad que le cambió la vida, del deporte como escuela de resistencia y de los retos que aún siguen pendientes en uno de los municipios más importantes de Canarias.

Llegar para reconstruir un Ayuntamiento roto

Hay imágenes que condensan una vida en apenas unos segundos. Para Fátima Lemes, volver a verse jurando el cargo como alcaldesa de Arona sigue siendo una de ellas. Tres años después de aquella investidura, reconoce que no había vuelto a ver esas imágenes y que hacerlo le removió emociones que todavía permanecen intactas.

«Pensé en mis padres, en mis abuelos, en mi familia», recuerda con la voz entrecortada. No era únicamente la emoción de alcanzar la Alcaldía. Era también el vértigo de asumir una responsabilidad para la que, admite, nadie puede prepararte del todo. «Fue mucha emoción, muchos nervios y mucha responsabilidad. Venía por primera vez a la política y hacerlo en un municipio como Arona era enfrentarte a algo muy grande».

Aquella llegada estuvo lejos de parecerse al aterrizaje cómodo que muchos imaginan cuando un nuevo gobierno toma posesión. Lemes asegura que se encontró un Ayuntamiento prácticamente paralizado tras varios años de enfrentamientos políticos internos. Durante semanas, dice, su prioridad no fue diseñar proyectos, sino comprender qué ocurría realmente dentro de la administración. Las primeras jornadas las pasó reuniéndose una a una con todas las áreas municipales, con responsables de servicios y con los distintos departamentos para conocer el estado real del Ayuntamiento. Incluso recuerda que durante dos semanas tuvo que afrontar esa tarea prácticamente sola, antes de completar su equipo de gobierno.

La fotografía que describe es la de una administración sin rumbo claro. Habla de años sin presupuestos aprobados, de contratos bloqueados y de expedientes acumulados. «Lo primero que hicimos fue intentar poner orden», resume. Aquella labor incluía incluso afrontar pagos pendientes a proveedores que llevaban años esperando cobrar por trabajos ya realizados. Pero, más allá de la situación administrativa, lo que más le impactó fue descubrir el deterioro de la confianza hacia el propio municipio.

Durante las primeras semanas recibió a decenas de empresarios y vecinos que, según relata, habían dejado de acudir al Ayuntamiento después de años de conflictos políticos. «Recibí a más de cien vecinos y empresas en menos de un mes. Muchos me decían que llevaban tres o cuatro años sin pisar Arona y que ahora querían volver a confiar e invertir en el municipio». Aquellas conversaciones le hicieron comprender, asegura, el alcance del daño institucional que se había producido: «Hasta que no lo vives desde dentro no entiendes el perjuicio tan grande que se le hizo al municipio».

Apenas llevaba unos días en el cargo cuando tuvo que enfrentarse al primer problema público. Las tradicionales hogueras de San Juan no pudieron celebrarse porque, explica, los permisos ni siquiera habían sido tramitados antes del cambio de gobierno. Aquella decisión provocó críticas inmediatas e incluso peticiones de dimisión cuando apenas acababa de asumir el bastón de mando.

«Llevaba dos días en el Ayuntamiento», recuerda. «No podía pedir un permiso que los anteriores no habían solicitado».

Lejos de desanimarla, aquella experiencia terminó reforzando una convicción que marcaría el resto del mandato: tomar decisiones, aunque fueran incómodas. Poco después optó por apartar del gobierno a concejales que, en su opinión, mantenían las mismas dinámicas que habían llevado al municipio a la situación anterior. «No le tengo miedo a tomar decisiones difíciles», afirma. «Lo único que realmente me da miedo es perder a alguien de mi familia. Lo demás forma parte de la responsabilidad».

Esa forma de entender la política también condicionó su relación con la oposición. Explica que intentó abrir vías de diálogo con distintos grupos municipales porque consideraba que todas las propuestas útiles para Arona debían ser escuchadas. Sin embargo, sostiene que aquellas conversaciones no dieron el resultado esperado y que terminó convenciéndose de que existían posturas con las que era imposible construir acuerdos.

A pesar de todo, insiste en que nunca ha perdido de vista cuál era el objetivo inicial con el que llegó al Ayuntamiento. Más allá de las obras, los contratos o los grandes proyectos, cree que el cambio más importante ha sido otro mucho más difícil de medir: «Hoy Arona vuelve a tener credibilidad. Ahora nos llaman para participar en foros, para estar presentes donde antes no estábamos. Los vecinos tienen las puertas abiertas del Ayuntamiento y saben que pueden acercarse a hablar con nosotros».

Para Lemes, recuperar esa confianza perdida constituye el primer paso imprescindible antes de cualquier transformación material. Porque, sostiene, un municipio no empieza a cambiar cuando inaugura infraestructuras, sino cuando sus propios ciudadanos vuelven a creer que las instituciones funcionan y que merece la pena implicarse en ellas.

Una infancia entre romerías, deporte y una familia que sigue siendo su refugio

Antes de convertirse en alcaldesa, antes incluso de estudiar Economía o de asumir responsabilidades públicas, Fátima Lemes fue una niña del Valle de San Lorenzo profundamente vinculada a las tradiciones de Arona. Esa conexión con su pueblo, asegura, no nació con la política, sino mucho antes, prácticamente desde el mismo día en que llegó al mundo.

Su historia comienza, de hecho, durante la romería en honor a la Virgen de Fátima. Nació el mismo día de la celebración y fue precisamente esa coincidencia la que terminó dándole el nombre. Recuerda que su padre tenía otras opciones en mente, pero la devoción de su abuela acabó inclinando la balanza. «Si todo sale bien hoy, tiene que llamarse Fátima», le dijo a su madre mientras la imagen de la Virgen pasaba por delante de la casa familiar. Desde entonces, su cumpleaños siempre ha estado unido a la fiesta más importante de su pueblo.

Aquella infancia transcurrió rodeada de una familia muy arraigada a la tierra. Su madre, Ana María, ha estado vinculada toda la vida al folclore canario y durante años cantó en agrupaciones tradicionales. Su padre, Florentino, nacido en Lanzarote pero establecido desde muy joven en Arona, comparte esa pasión por los tenderetes, la música popular y las costumbres del municipio. «Él nació en Lanzarote, pero es aronero a muerte», afirma con una sonrisa.

La influencia familiar fue mucho más allá del ámbito doméstico. Su abuelo estuvo implicado en la vida pública del municipio como secretario de la Cámara Agraria y también como concejal, mientras que su madre llegó a presidir las fiestas en honor a la Virgen de Fátima del Valle de San Lorenzo. Todo ello hizo que crecer entre romerías, parrandas y celebraciones populares formara parte de su vida cotidiana.

«Mi madre me llevaba desde pequeña vestida de maga porque cantaba en los grupos folclóricos y yo iba con ella a todas partes», recuerda. Aquellas experiencias, explica, son las que hoy la llevan a defender con especial empeño la identidad cultural de Arona. Considera que mantener vivas las tradiciones resulta aún más importante en un municipio donde conviven personas llegadas de muy distintos lugares. Por eso presume de haber impulsado iniciativas como la recuperación de la lucha canaria en el municipio o el respaldo a fiestas con décadas de historia: «Tenemos que mantener nuestra esencia y nuestra identidad. Es algo que llevamos muy dentro los canarios y que no podemos perder».

Junto a esa educación ligada a las tradiciones apareció muy pronto otra pasión que terminaría marcando su carácter: el deporte. Nunca se conformó con una sola disciplina. Más que competir, le atraía descubrir nuevos retos. Practicó baloncesto, ciclismo de montaña, triatlón, natación en aguas abiertas, carrera, escalada, descenso de barrancos, puenting e incluso llegó a probar deportes como el bodyboard o el kitesurf. «No era especialmente disciplinada con un deporte concreto; lo que tenía era mucha curiosidad. Me gustaba experimentar y probar todo lo que me llamaba la atención», cuenta Lemes.

Con el paso de los años terminó encontrando en la natación y en el mar su espacio natural. Sin embargo, más importante que la actividad física fue todo lo que el deporte le enseñó para afrontar la vida. Hoy está convencida de que buena parte de la fortaleza con la que soporta la presión política procede precisamente de aquellos años de entrenamiento: «El deporte me ha ayudado a aguantar, a ser constante, a tener disciplina y también a resistir las críticas, los ataques personales y los momentos difíciles».

Recuerda especialmente una frase que le repetía uno de sus entrenadores y que sigue aplicando a diario: «Si entrenas, tienes derecho». Una idea sencilla que traducía en una enseñanza clara: el esfuerzo sostenido acaba dando resultados. Esa filosofía se unió a otro principio heredado de su familia: hacer siempre las cosas con buena fe y terminar el día con la conciencia tranquila.

Ambas lecciones siguen acompañándola en la Alcaldía. Porque, asegura, gobernar un municipio como Arona exige la misma resistencia que una competición de fondo. No basta con soportar la presión de un día; hay que mantener el esfuerzo durante meses, convivir con las críticas y seguir tomando decisiones sin perder el equilibrio. Y cuando la tensión aprieta, sigue recurriendo al mismo refugio que tuvo desde niña: su familia. Sus padres, su hermano, su sobrina y su pareja continúan siendo el lugar donde encuentra la serenidad necesaria para afrontar una responsabilidad que, reconoce, ha cambiado por completo su vida, pero no la persona que aspira a seguir siendo.

El Hierro, la enfermedad que cambió su vida y una forma distinta de entender el servicio público

Antes de regresar a Arona y entrar en política, la vida llevó a Fátima Lemes hasta El Hierro. Allí llegó con una única maleta y sin conocer absolutamente a nadie, después de aceptar una oportunidad laboral vinculada a la Cámara de Comercio. Había estudiado Economía en la Universidad de La Laguna y, tras diferentes experiencias profesionales —desde la banca hasta el sector hotelero, pasando por la administración pública—, aquella oferta suponía un nuevo reto, tanto profesional como personal.

«Me fui sola, sin conocer a nadie», recuerda. «Allí entrenaba mucho, hacía deporte, cocinaba y, sobre todo, intentaba ganarme la confianza de la gente», recuerda la alcaldesa. Porque ese fue, precisamente, el primer desafío. Para muchos herreños era una persona llegada de fuera para asumir una responsabilidad que tradicionalmente había desempeñado alguien de la isla. Lemes entendió desde el principio que la única forma de romper esa barrera era el trabajo diario y la cercanía: «Quise demostrarles que no venía a ocupar un sitio, sino a ayudarlos y a defender sus intereses».

Asegura que aquella confianza terminó llegando. Entre los objetivos que se había marcado figuraba recuperar el apoyo institucional del Cabildo a la Cámara de Comercio, una colaboración que se había perdido años atrás. Cuando consiguió ese respaldo sintió que había cumplido con la misión que la había llevado hasta la isla y que podía marcharse satisfecha.

Pero El Hierro le dejó mucho más que una experiencia profesional. Allí aprendió el valor de la soledad, de la cooperación y de las relaciones humanas construidas desde la sinceridad. En una isla pequeña, explica, todo adquiere otra dimensión. Las personas se conocen, colaboran y entienden que avanzar resulta mucho más sencillo cuando el esfuerzo es compartido. «Aprendí que juntos se consigue mucho más que intentando hacerlo uno solo».

Sin embargo, la enseñanza más importante llegó de la manera más inesperada. Durante su estancia sufrió un problema de salud que, según reconoce, estuvo a punto de cambiar el rumbo de su vida. Prefiere no entrar en detalles, pero admite que aquella situación le hizo valorar de otra manera el tiempo, las prioridades y el propio sentido del servicio público.» Creo que gracias a estar en El Hierro sigo aquí. Estaba en el lugar adecuado, en el momento adecuado», se confiesa Fátima Lemes.

La cercanía del sistema sanitario de la isla permitió detectar a tiempo aquel problema y actuar con rapidez. Desde entonces asegura vivir con la convicción de que las cosas suceden por alguna razón y de que aquella experiencia terminó preparándola, de alguna manera, para asumir las responsabilidades que años después encontraría en la Alcaldía.

«Yo no tengo sino palabras de agradecimiento para la sanidad pública. Tenemos profesionales extraordinarios que hacen esfuerzos enormes con los recursos que tienen», añade; y precisamente por esa convicción sitúa entre sus principales reivindicaciones la ampliación del Hospital del Sur. Considera que el crecimiento poblacional del municipio y de toda la comarca hace imprescindible seguir reforzando unas instalaciones que, a su juicio, llevan demasiados años esperando inversiones.

«No es una cuestión de colores políticos; es una necesidad de nuestros vecinos», cuenta Lemes. Aunque recuerda que el Ayuntamiento no tiene competencias directas sobre la gestión sanitaria, entiende que un alcalde no puede limitarse a señalar quién tiene la responsabilidad administrativa. Su obligación, sostiene, consiste en representar las necesidades de la ciudadanía allí donde sea necesario y reclamar soluciones a las administraciones competentes.

Tres años de gestión: entre los problemas heredados, la seguridad y los grandes desafíos de Arona

Si hay una idea que Fátima Lemes repite a lo largo de la conversación es que gobernar Arona ha significado convivir, desde el primer día, con problemas que no podían resolverse de un plumazo. Reconoce que todavía quedan muchas cuestiones pendientes y entiende la frustración de quienes reclaman soluciones inmediatas, pero sostiene que buena parte de las dificultades actuales tienen su origen en una situación administrativa heredada que limita enormemente la capacidad de actuación del Ayuntamiento.

La limpieza y el mantenimiento del municipio son el mejor ejemplo, afirma. «Es de las cosas que más me frustran porque sé que los vecinos quieren salir a la calle y verla limpia, cuidada, con jardines bonitos y plazas en buen estado», dice la alcaldesa de Arona. Sin embargo, explica que el Ayuntamiento continúa trabajando con contratos muy antiguos, diseñados para un municipio que poco tiene que ver con el Arona actual. El contrato de limpieza, recuerda, procede de 2010 y fue prorrogado años después, mientras que el de jardines arrastra una situación similar: «Estoy atada de pies y manos hasta que podamos renovar esos contratos».

Aun así, considera que en estos tres años sí ha habido un cambio profundo, aunque no siempre resulte tan visible como una obra o una infraestructura. A su juicio, el Ayuntamiento ha recuperado credibilidad institucional, vuelve a participar en foros donde antes no estaba presente y, sobre todo, ha vuelto a abrir sus puertas a la ciudadanía. «Hoy la gente sabe que puede acercarse a la alcaldesa o a cualquier concejal para plantear un problema. Quizá no siempre podamos resolverlo, pero sí escuchar, explicar y acompañar».

Ese contacto permanente con los vecinos también la ha llevado a enfrentarse a algunas de las situaciones más complejas del mandato. Una de ellas ha sido la actuación desarrollada en Los Vivitos, un asentamiento levantado en una finca agrícola donde, según explica, durante meses se fueron produciendo nuevas ocupaciones, parcelaciones y construcciones ilegales.

La respuesta municipal fue un amplio operativo coordinado entre Policía Local, Guardia Civil, Policía Nacional, Urbanismo y Servicios Sociales. Lemes insiste en que la actuación no perseguía únicamente restaurar la legalidad urbanística, sino garantizar también la atención a las personas que pudieran encontrarse en situación de vulnerabilidad.

«Una cosa es actuar contra la ilegalidad y otra muy distinta dejar de preocuparnos por las personas», subraya. Por eso recalca que los servicios sociales participaron desde el primer momento para valorar cada caso de forma individual. Según explica, la intervención permitió constatar que no existían situaciones generalizadas de vulnerabilidad extrema entre las personas identificadas, aunque sí se activaron los recursos necesarios en aquellos casos concretos que lo requerían.

La vivienda y el sinhogarismo aparecen como otra de las grandes preocupaciones del municipio. Arona, admite, concentra un importante número de personas que viven en la calle, una realidad que, a su juicio, trasciende por completo las competencias municipales. Para conocer con precisión esa situación, el Ayuntamiento encargó un estudio específico a Cáritas. «Queríamos saber qué hay realmente detrás de cada historia y no quedarnos solo con lo que creemos o suponemos», indica Fátima Lemes.

Las conclusiones, explica, evidencian una realidad compleja en la que confluyen factores sociales, económicos y migratorios. Lemes insiste en que el Ayuntamiento tiene la obligación de prestar ayuda a quien la necesita, pero también reclama una mayor implicación del resto de administraciones para afrontar un fenómeno que considera de dimensión regional e incluso estatal: «Esto no es solo un problema de Arona; es una crisis humanitaria que necesita respuestas coordinadas».

Otro de los asuntos que más le preocupa es la seguridad ciudadana. Asegura que el crecimiento poblacional y turístico del municipio no ha ido acompañado durante años de un aumento suficiente de efectivos policiales, especialmente de Policía Nacional y Guardia Civil, responsables de esa competencia. Desde el inicio del mandato, afirma, trasladó esa reivindicación a la Delegación del Gobierno y a las distintas administraciones competentes.

Mientras tanto, el Ayuntamiento ha tratado de reforzar los recursos propios. En apenas tres años, destaca, se han incorporado 31 nuevos agentes de Policía Local, la mayor ampliación de plantilla que recuerda el municipio. A ello se suma la reapertura de la oficina policial de Los Cristianos y el proyecto para poner nuevamente en funcionamiento la del Fraile: «No digo que el problema esté resuelto, porque no lo está, pero estamos haciendo un esfuerzo enorme para mejorar la seguridad».

Especial atención merece la zona de Las Verónicas, donde reconoce que se concentran buena parte de los problemas relacionados con drogas, robos e inseguridad. Sin embargo, insiste en que no puede destinar todos los recursos municipales a un único punto del territorio sin desatender el resto del municipio.

Entre los grandes retos pendientes también sitúa el futuro del Puerto de Los Cristianos. Aunque recuerda que el Ayuntamiento carece de competencias para decidir sobre su gestión, considera imprescindible encontrar soluciones al colapso circulatorio y al impacto que el tráfico portuario genera desde hace años sobre los vecinos, el comercio y la calidad de vida del núcleo turístico: «Los Cristianos ya ha soportado demasiadas décadas de perjuicios. Hay que estudiar alternativas y tomar decisiones que permitan reducir ese impacto».

Un compromiso que quiere prolongar: «Necesito cuatro años más para terminar de enderezar Arona»

Tras más de una hora de conversación, el tono político deja paso nuevamente al terreno más personal. Fátima Lemes habla de su familia, de su pareja y del precio que supone dedicar prácticamente toda su vida al Ayuntamiento. Reconoce que quienes más la quieren son también quienes más sufren con la exposición pública y con el ritmo de trabajo que ha impuesto la Alcaldía.

«Mi madre me llama y me dice: ‘Mi niña, está muy sucio esto, la gente se está quejando’. Y yo le respondo que tenga paciencia, que explique que estamos intentando arreglar contratos que vienen de muy atrás», cuenta. Esa paciencia es precisamente la palabra que más veces ha pedido a los vecinos desde que llegó a la Alcaldía. Es consciente de que tres años pueden parecer mucho tiempo para quien espera una solución inmediata, pero insiste en que transformar una administración con numerosos contratos caducados y problemas estructurales requiere más de un mandato.

También admite que la política tiene un coste emocional importante. Las críticas, especialmente cuando considera que son injustas o personales, terminan afectando inevitablemente a quienes conviven con ella. «Ha habido días muy duros», reconoce. En esos momentos, explica, su pareja se convierte en el principal apoyo. Le recuerda que no puede vivir pendiente de cada comentario o de cada publicación en redes sociales y que debe mantener la serenidad: «Me dice que siga siendo yo, que explique las cosas y que la gente sabe distinguir».

Lemes contrapone su escasa experiencia política —apenas tres años cuando se realiza la entrevista— con la trayectoria de algunos de sus adversarios, a quienes atribuye una forma de hacer oposición basada únicamente en el desgaste del gobierno: «Yo no quiero entrar en esa dinámica. Prefiero seguir explicando lo que hacemos y reconocer también los errores cuando los haya». Aun así, no esconde su preocupación por la imagen que, a su juicio, determinadas críticas trasladan del municipio. Cree que la oposición ha iniciado ya una estrategia de precampaña y lamenta que muchas veces se utilicen problemas puntuales para transmitir la sensación de que nada funciona.

Pese a ello, asegura que mantiene intacta la ilusión con la que llegó al Ayuntamiento en 2023. De hecho, afirma sin rodeos que desea volver a presentarse para completar el proyecto iniciado: «Necesito cuatro años más para terminar de enderezar Arona», asegura. Su deseo de continuar un segundo mandato responde, dice, a una cuestión de responsabilidad. Considera que ocho años constituyen el tiempo mínimo necesario para consolidar los cambios administrativos iniciados, culminar grandes proyectos y dejar un Ayuntamiento plenamente reorganizado.

La alcaldesa finaliza con una idea clara: gobernar consiste en escuchar, explicar y trabajar con honestidad, incluso cuando las soluciones no llegan con la rapidez que todos desearían. «Hay que decir también las cosas que no están bien hechas, hablarlas, dialogarlas y explicar la verdad siempre con la mejor intención», añade.

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