El capellán de Hoya Fría denuncia que no sirven para nada y se retiene 60 días a personas que no han cometido ningún delito
Sociedad
02 abr. 2017

“Los CIEs no deberían existir”

Alejandro Abrante, profesor de enseñanza media y diácono, ejerce desde finales de 2016 de capellán del Centro de Internamiento (CIE) de Extranjeros de Hoya Fría, afirma en Mírame Televisión que estos centros “no deberían existir” y recuerda que ONG, plataformas y la propia Iglesia están en contra de los CIEs. “El Papa Francisco manifiesta un día sí y otro también que a las personas hay que darles unas vías de inmigración seguras y unas políticas de acogida dignas”, añadió.

Según el capellán de Hoya Fría, la realidad de los CIEs es bastante oscura; no suele saberse muy bien qué es lo que pasa dentro de estos centros, que representan una situación anómala dentro de una sociedad democrática. “No tiene ningún sentido que unas personas estén en un centro privados de libertad cuando no han cometido ningún delito”, corroboró.

En su opinión, los CIEs no sirven para nada, puesto que se supone que se tiene a esas personas ahí 60 días para ser repatriadas pero el 71% no son repatriadas. Como ejemplo recuerda el caso de un nepalí que estaba trabajando de manera irregular, lo detuvieron por la calle y lo ingresaron en un CIE, cuando salió, a los 60 días, estaba sin trabajo.   

Para describir estos centros, hizo hicapié en que son “muy parecidos a una cárcel”. De hecho, las imágenes de cualquier centro de internamiento siempre son vallas, muros altos, un patio común, habitaciones son prácticamente celdas con literas, puestas que se cierran para que no puedan salir de allí las personas que entra y todo está lleno de cámaras.

Para Abrante, “dice mucho de una sociedad que, en lugar de practicar políticas de acogida, practique políticas de encierro y exclusión y se explica que “un grupo de personas que llega en una patera se encuentre con un sistema que lo mete en un centro y los tiene encerrados 60 días”.

“Nosotros estamos ahora preocupados por el tema de Brexit, porque tenemos muchos jóvenes trabajando en Gran Bretaña y la gente se pregunta qué va pasar con esos jóvenes.  Quisiera que todos nosotros nos pusiéramos también en la piel de esas madres, en muchos casos africanas, que se preguntan qué va a pasar con sus hijos”, apostilló.

Las historias de los internos en Hoya Fría son casi todas similares. “Salen de su tierra, de su país, buscando una vida mejor, como podríamos buscarla cualquiera; hay personas que han sido víctimas de trata, que han sido explotadas por el camino y hay muchas personas que en realidad son refugiados. Se nos llena mucho la boca con los refugiados, pero resulta que no les damos refugio, que los encerramos”, denunció.

Abrante llamó la atención sobre que “se le han destrozado todos sus derechos como seres humanos y cuando ya llegan tan vilipendiados, encima, los metes en un centro privados de libertad, sin nada que hacer si no estar esperando por esa libertad”.

El capellán contó que la historia de una mujer le ha marcado, que fue la persona que llamó al Obispado para solicitar apoyo religioso y que motivó que lo enviaran a Hoya Fría.  Durante las primeras visitas la muchacha se mostraba asustada porque al no conocerlo no sabía si pertenecía a una mafia o era policía, pero poco a poco le fue contando su historia y sus problemas. Cuando la joven salió del CIE, fue a un centro de Cruz Roja en La Gomera y finalmente se desplazó a Madrid, desde donde contactó con el capellán a través de una red social.

Alejandro Abrante volvió a verla en Madrid y le facilitó su teléfono por si necesitaba algo y, al poco tiempo, le envió un mensaje diciéndole que estaba en París, donde tampoco conocía a nadie, y él la puso en contacto con una exalumna que trabaja en la capital francesa, que facilitó las cosas a la joven y la puso en contacto con una orden religiosa que la acogió. “Ahora, está intentando rehacer su vida en ese país, después de años en Marruecos, dando tumbos intentando conseguir el dinero para poder cruzar la frontera”, concluyó.