Gran Canaria afronta un desafío estructural: garantizar su soberanía alimentaria en un contexto de alta dependencia exterior. Actualmente, cerca del 80% de los productos que se consumen en la isla son importados, una cifra que evidencia la vulnerabilidad del territorio ante crisis internacionales y tensiones en los mercados globales.
En este escenario, el sector primario emerge como pieza clave no solo para la economía local, sino también para la sostenibilidad ambiental y la seguridad alimentaria. Desde el Cabildo de Gran Canaria se insiste en la necesidad de reducir esa dependencia y fortalecer la producción local, aunque reconocen que el contexto internacional y las políticas europeas añaden incertidumbre.
Uno de los principales focos de preocupación es la futura financiación de las regiones ultraperiféricas en la Unión Europea. Las modificaciones planteadas podrían afectar de forma significativa a las ayudas que recibe el sector, consideradas esenciales para su supervivencia. A ello se suman acuerdos internacionales como el de Mercosur, que, según las instituciones insulares, podrían perjudicar la competitividad de los productores locales.
Inversión, modernización y relevo generacional
El Cabildo destina cerca de 18 millones de euros al sector primario, con líneas de actuación centradas en la valorización de los productos locales, el apoyo a asociaciones y la modernización de infraestructuras. Entre las medidas destacan el uso de energías renovables, la mejora de redes de riego y el suministro de agua que supera los 20 millones de metros cúbicos anuales.
También se apuesta por la formación y la incorporación de jóvenes. Escuelas de capacitación agraria y programas específicos buscan cambiar la percepción de un sector históricamente asociado a la dureza laboral, mostrando un modelo más tecnificado y con visión de futuro.
Sin embargo, el relevo generacional sigue siendo uno de los grandes retos. La falta de incentivos económicos y la inestabilidad del sector dificultan la incorporación de nuevas generaciones.
La voz del campo: vocación, esfuerzo y dificultades
La realidad sobre el terreno la ilustran profesionales como María Dolores Hernández, ganadera de tradición familiar. Su explotación combina la producción de leche, queso y cultivos, bajo un modelo sostenible que aprovecha todos los recursos disponibles.
“Es una dedicación total. No hay días libres ni festivos”, explica. A pesar de la pasión por su trabajo, advierte de la progresiva desaparición del sector: “Cada vez hay menos gente que se dedique a producir alimentos. Es una pena”.
Entre sus demandas, destaca un mayor apoyo institucional, especialmente en incentivos para ferias ganaderas y facilidades para el transporte, elementos clave para dinamizar la actividad.
La pesca artesanal, en riesgo
El sector pesquero comparte preocupaciones similares. Profesionales con décadas de experiencia alertan de las dificultades que enfrentan: condiciones meteorológicas adversas, falta de infraestructuras y escasa rentabilidad.
La defensa de la pesca artesanal es uno de los pilares del sector en Canarias. Frente a modelos más intensivos, los pescadores reivindican un sistema sostenible y respetuoso con el medio marino. En este sentido, rechazan prácticas como la pesca de cerco o la cría de atunes en jaulas, por su impacto ambiental y su competencia con el modelo tradicional.
Además, subrayan la necesidad de apoyo institucional para garantizar la continuidad del oficio. “Si nos abandonan, desaparece la pesca”, advierten, insistiendo en la importancia de atraer a jóvenes y asegurar condiciones dignas.
Consumir local, clave para el futuro
Más allá de las políticas públicas, los propios trabajadores del sector coinciden en un mensaje: el papel del consumidor es determinante. Apostar por productos locales no solo garantiza alimentos frescos y de calidad, sino que contribuye a sostener la economía insular y preservar sus tradiciones.