El exalcalde y el exconcejal admiten que el precio lo fijaron los empresarios
Canarias
07 nov. 2016

Las Teresitas (XXIV): Zerolo y Parejo agitan el ventilador

Casi diez años después de la querella de la Fiscalía Anticorrupción, y tras dos meses de juicio por el pelotazo de Las Teresitas, llegó el día más esperado por el exalcalde Miguel Zerolo. Desde que fue imputado, el político de Coalición Canaria aprovechó cada oportunidad para dejar claro que su mayor deseo era estar sentado delante del Tribunal para poder defenderse. Un inusual anhelo entre el resto de los humanos, pero una respuesta de manual que repitió hasta la saciedad, siempre y cuando nadie le cuestionara por los detalles de la operación. "Yo no me he mamado nada", era lo único que respondía cuando algún osado periodista le preguntaba por los informes que dividían por tres el precio que pagó el Ayuntamiento por el frente de playa.

Este lunes, en la vigésima cuarta sesión del juicio, llegó el momento tantas veces soñado por Zerolo. El exalcalde accedió temprano al Palacio de Justicia. En las escaleras tuvo que aguantar los insultos de una veintena de personas que se concentraron para recibirle a gritos: "¡Ladrón! ¡Corrupto!". El político pasó de largo mientras el recuerdo de las mayorías absolutas volvía a su cabeza. Entró en la sala, la última de la segunda planta del edificio judicial, y tuvo tiempo de hacer algún ejercicio de respiración antes de que los tres magistrados de la Audiencia Provincial, con Joaquín Astor Landete a la cabeza, tomaran asiento.

Poco a poco, la sala se llenó de periodistas y cámaras, cámaras y periodistas. De nuevo, el foco de la actualidad estaba en el juicio del año, después de que el interés mediático haya descendido a ritmo de vértigo tras 23 jornadas. De la prensa y de París también habló Zerolo, que recordó el amoroso viaje que el Ayuntamiento pagó a los tres periódicos tinerfeños para cubrir la visita oficial que realizaron a la cuna de los croissants y de Dominique Perrault, ganador del concurso de ideas, con el noble objetivo de que los chicharreros estuvieran informados al minuto del tipo de gomina que usa el prestigioso arquitecto.

Zerolo se sentó delante del micrófono que los auxiliares judiciales han preparado para la ocasión, sacó dos botellas de agua que sabía iba a necesitar y un ventilador manual, modelo abanico casero. Desde los asientos de la prensa no se apreciaba bien el objeto en sí, pero poco a poco empezó a llegar el aire que provocaba su intenso aleteo en las manos del exalcalde. La corriente que generaba arrastraba sus palabras contra el rostro del resto de acusados. Con la excepción de uno: Antonio Plasencia. El político evitó el nombre del constructor durante toda su declaración.

La intervención del exalcalde se puede resumir en tres titulares: la compraventa fue cosa de la Gerencia de Urbanismo, el precio lo fijaron los empresarios, y la operación fue "maravillosa" para la ciudad, casi tanto como lo fue la Lotería para su bolsillo. La fiscal María Farnés Martínez hizo las preguntas claves. Zerolo las intentó evitar con rodeos intrascendentes, pero acabó en la red que minuciosamente, y con mucha paciencia, tejió la representante del Ministerio.

"Conocía la operación, pero no estaba al detalle de los expedientes, eso era cosa de la Gerencia de Urbanismo", repitió una y otra vez el regidor nacionalista. Fue Manuel Parejo quien le informó de las valoraciones que se habían pedido, pero solo de las realizadas por Sociedad de Tasación, sin el anexo, y TINSA. Nunca supo de la existencia de los informes de la Universidad Carlos III y de Pía Oramas, que reducía a 17 millones el precio del frente de playa, por el que el Ayuntamiento pagó más del triple. "¿Quién decidió que no se incorporaran al expediente?", quiso saber la fiscal. “Debió de ser el jefe de Planeamiento”, respondió Zerolo en alusión a Epifanio Gómez

El ventilador también apuntó de lleno al entonces secretario de la Gerencia, Víctor Reyes, al que Zerolo señaló como el responsable de que no se expropiara y se optara por la compraventa. "La decisión fue de un informe jurídico", en alusión al técnico de Urbanismo. "Si me lo hubiera saltado, hubiera prevaricado", insistió el político de CC. 

 

La reunión

Zerolo se cuidó mucho de evitar el nombre de Antonio Plasencia a lo largo de toda su declaración. El exalcalde negó que hubiera hablado con los empresarios de la operación, ya que "lo hacían directamente con la Gerencia". Parejo era el que negociaba, mientras la máxima autoridad del Ayuntamiento ni siquiera se interesaba por conocer la opinión de Ignacio González, que en 1998 compró el frente de playa junto al constructor gomero, cuando coincidía con el presidente de la Cámara de Comercio en el Consejo de Administración de CajaCanarias.

Solo reconoció Zerolo un contacto con Ignacio González: una reunión que tuvo lugar en junio de 2001 para negociar el precio de la compraventa. A la cita acudieron, además del alcalde, Manuel Parejo, el empresario "y una cuarta persona que no recuerdo", según explicó el acusado. Fuera o no Plasencia el desconocido que olvidó el político, lo cierto es que el encuentro marcó el futuro del pelotazo más grande que se ha dado en Anaga. 

A diferencia de lo ocurrido durante sus declaraciones ante el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) y el Tribunal Supremo, gracias a las dispensas judiciales de las que se benefició por su condición de aforado, Zerolo contó este lunes lo que hasta ahora había preferido ocultar. El exalcalde explicó que en la reunión, Ignacio González presionó para que se aceptará un precio de 10.000 millones de pesetas, que finalmente rebajó hasta los 8.750 millones que, tras el acuerdo plenario de julio de 2001, se pagaron.

Este había sido hasta ahora uno de los grandes misterios del caso. ¿Cómo se llegó al precio final? Zerolo, como después hizo Parejo, intentó aclarar que los empresarios "dieron un ultimátum", pero que la cuantía se decidió después a través de diferentes informes técnicos. La realidad es que la cifra ya no se movió ni un céntimo de los algo más de 52 millones de euros que fijó Ignacio González. 

En contra de lo que consideran la Fiscalía, los peritos judiciales, Sociedad de Tasación, Pía Oramas, la acusación popular, el Ayuntamiento versión 2016 y, al menos, la veintena de ciudadanos que este lunes se concentró delante del Palacio de Justicia; Zerolo volvió a defender que la operación fue "beneficiosa" para la ciudad, precisamente, por lo que escuchó en la reunión descubierta este lunes.

"Yo me quedé escuchando, y veía que íbamos a impedir construir y a recuperar el dinero con la parcela holetera; era maravilloso", relató el exalcalde. Y todo ello avalado por el acuerdo unánime de los partidos políticos y con informes favorables, explicó mientras le daba otro sorbo a la botella de agua. Y otro. Y otro. Así hasta que se le acabaron las reservas, lo que forzó a Landete a convocar un receso para repostar. "Siento que entre las deficiencias de este Tribunal se encuentre no poder dotar de agua a los encartados", reconoció el magistrado en otra arenga más contra los escasos medios de los que dispone el Poder Judicial tinerfeño. 

A la vuelta, María Farnés Martínez tenía preparada una pregunta que no se esperaba Zerolo. ¿Se sacó usted la lotería? El político balbuceó, tragó agua, ya con las botellas llenas, y tanteó una respuesta en la cara de su abogado, que se mordía las uñas en la bancada de las defensas. "Eso tiene que ver con el cohecho", acertó a decir el exalcalde, que buscó entonces la mirada cómplice de Landete. "Conteste", se limitó a decir el presidente del Tribunal. "Pues sí, como usted sabe me saqué un quinto premio de ocho millones de pesetas, pero no me saqué 120 veces la lotería, como se ha dicho", respondió a regañadientes.

Miguel Zerolo explicó que con el dinero del premio de la Lotería de Navidad, que se ganó junto a otros miembros del Consejo del Casino Taoro, "y aprovechando la suerte", compró diez hojas de un número del sorteo de El Niño, "al que siempre juega mi padre", con el que le tocó “la pedrea”. La fiscal aprovechó para recordar que el dinero de esos décimos no salió de sus cuentas, lo que provocó la protesta, sin éxito, del letrado Jorge Muñoz.

 

Parejo, acorralado

Después de tres horas de declaración, y cuando los pocos supervivientes entre el público comenzaban a recoger sus pertenencias, Landete anunció que la sesión continuaba con el interrogatorio a Manuel Parejo, que desde la silla que ocupa en la primera fila del banquillo había tomado buena nota de cómo funcionaba el ventilador manual de Zerolo. 

El exconcejal no tiene, ni de lejos, la capacidad del exalcalde para hipnotizar a sus interlocutores. Las carencias verbales de este psiquiatra de profesión se hicieron patentes al ocupar la silla que había calentado previamente Miguel Zerolo. Parejo fue apabullado por la fiscal nada más sentarse, lo que le llevó a agitar el abanico para, con respuestas llenas de ambigüedad, trasladar toda su posible responsabilidad a los técnicos. 

El que fuera responsable de la Gerencia el año de la compraventa lanzó balones hacia el tejado de los responsables jurídicos de Urbanismo, cuyos nombres eran enfatizados por Farnés Martínez. "¿Se refiere al secretario delegado y al gerente, a Víctor Reyes y José Tomás Martín?", le espetó cada vez que se iba por las ramas. "Sí", contestó en varias ocasiones con la boca pequeña.

Pero Parejo también tuvo palabras para Epifanio Gómez, el arquitecto condenado por la construcción del mamotreto, a la sazón jefe de Planeamiento, que nunca estuvo imputado por la compraventa de Las Teresitas. Culpó al técnico de que faltaran documentos en el expediente, como el de Pía Oramas. El exedil de Urbanismo admitió que conocía el informe que rebajaba a 17 millones de euros el precio del frente de playa: “Todos lo conocíamos”.

A Manuel Parejo lo esperaba en la bajada la representante del Ministerio Público: "Sí todos lo conocían, ¿por qué no lo entregaron a esta Fiscalía cuando lo requerimos?", a lo que el acusado solo pudo contestar con un resignado "no lo sé". Lo que sí admitió el político es la versión de Zerolo sobre la reunión en la que Ignacio González fijó el precio.

El exconcejal de Urbanismo hizo hincapié en que la cuantía se decidió a raíz de los diferentes informes técnicos que se llevaron a cabo, aunque entre la reunión y el pleno transcurrió un mes escaso, y que únicamente vinieron a confirmar la cantidad que estipuló el empresario como ultimátum. Entonces, la fiscal hizo la gran pregunta: "Si todo es cosa de los funcionarios, ¿los políticos aquí qué hacen?".

Antes de terminar, Parejo cogió el abanico, apuntó a Zerolo, y confesó: "Siempre actué siguiendo las directrices del alcalde". Y no hubo más preguntas. El exedil se volverá a sentar este martes delante del Tribunal. Será la oportunidad de su abogado de poner en marcha de nuevo el ventilador. Después vendrán los portavoces de PP y PSOE. Y tras ellos los funcionarios Víctor Reyes y José Tomás Martín. Sus letrados no pararon de tomar notas durante toda la sesión. Que a nadie le extrañe que también tengan su propio abanico, gama funcionario.