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Jonathan Domínguez, viceconsejero de Comunicación y Relaciones con los Medios del Gobierno de Canarias
Jonathan Domínguez, viceconsejero de Comunicación y Relaciones con los Medios del Gobierno de Canarias

Jonathan Domínguez: “Si no existieran los medios, no habría un contrapoder que evite la tiranía de las administraciones”

El viceconsejero de Comunicación y Relaciones con los Medios del Gobierno de Canarias habla con franqueza sobre sus orígenes humildes, la huella de su familia en su forma de entender la vida y su llegada a la política.
02/04/2026

El viceconsejero de Comunicación y Relaciones con los Medios del Gobierno de Canarias habla con franqueza sobre sus orígenes humildes, la huella de su familia en su forma de entender la vida y su llegada a la política. Pero también lanza un mensaje claro sobre el papel que deben jugar los medios de comunicación en una sociedad democrática: “Son fundamentales para garantizar el ejercicio de la libertad de expresión de los ciudadanos”.

Una familia humilde

Domínguez, que hoy ocupa un cargo estratégico en el Ejecutivo autonómico, reivindica que su recorrido personal explica buena parte de su manera de gestionar y de su visión de lo público. “Somos cinco hijos: Raúl, Moisés, Ana, Acorán y yo”, recuerda, describiendo una infancia marcada por el esfuerzo constante de sus padres. Su padre trabajaba como pintor de brocha gorda y su madre, Mercedes, se dedicaba al hogar, aunque también desempeñó trabajos duros y poco reconocidos, como la limpieza o la agricultura. “Recuerdo cómo mi padre y mi madre se tuvieron que buscar la vida para sacarnos adelante”, afirma.

Aquellos años no fueron fáciles. Domínguez rememora especialmente un periodo que lo marcó para siempre: los inviernos de finales de los años ochenta. “Recuerdo unos inviernos en torno a 1988, yo tenía ocho o nueve años… desayunar, almorzar y cenar leche con gofio”, cuenta. Era una época en la que el trabajo escaseaba y la economía familiar apenas alcanzaba para sobrevivir. Sin embargo, lejos de vivirlo como una derrota, asegura que esa experiencia lo convirtió en una persona resistente. “Gracias a esos orígenes me he convertido en una persona muy resiliente, capaz de afrontar cualquier situación de debilidad o necesidad”.

Raúl y Mercedes: modelos a seguir

En su relato aparece una idea que repite como si fuera una regla de vida: rendirse no es una opción. “El final está en el momento en el que te rindes, y creo que hay que ser resiliente en eso”, sostiene. Esa filosofía la atribuye en parte a la educación recibida en casa, especialmente por parte de su padre, a quien describe como un hombre con valores firmes. “Mi padre me enseñó siempre a respetar lo ajeno: lo que es nuestro es nuestro, y si tenemos que pasar necesidades lo haremos, pero no le vamos a quitar nada a otra persona”, recuerda.

La familia vivió un giro inesperado en 1992, cuando el 13 de diciembre, día de Santa Lucía, su padre ganó el sorteo de la ONCE: unos 2,5 millones de pesetas. Pero lo que podría haber sido un momento de lujo o cambio radical se convirtió en otra lección de vida. “Mi padre llevaba tanto tiempo con esas necesidades que decidió invertir el dinero en comprar un furgón largo para poder trabajar más”, relata. Para Domínguez, esa decisión definió perfectamente el espíritu de su padre: un hombre que no pensaba en gastar, sino en construir futuro.

Aunque reconoce el papel paterno en su carácter, asegura que fue su madre quien sembró en él la semilla del servicio público. “Mi madre fue mi referente para entrar en el mundo de lo público y de la política”, afirma. La recuerda como una mujer profundamente vinculada al barrio de La Verdellada, participando en asociaciones vecinales y en la comisión de fiestas. Él la acompañaba desde niño y fue allí donde, casi sin darse cuenta, comenzó su primer contacto con lo comunitario.

Uno de sus recuerdos más vivos tiene aroma a barrio y a tradición: las banderas artesanales de las fiestas patronales. “La comisión de fiestas compraba papel de cebolla, los niños los recortábamos y con papas guisadas a modo de pegamento lo uníamos al hilo de bala para hacer las banderas”, cuenta. Aquel gesto sencillo, repetido por generaciones, le dejó una sensación de pertenencia que aún conserva. “Ese es el primer recuerdo que tengo de participar en algo público… De ahí me surgió la chispita de dedicarme una parte de mi vida a servir a lo público”, asegura, mencionando las fiestas en honor a la Virgen de Lourdes.

Sus comienzo en política

Su salto hacia la política institucional tuvo un nombre propio: Ana Oramas. Domínguez la define como su “madrina política”, aunque reconoce que la relación no empezó de manera sencilla. En aquella etapa, él era presidente de la asociación de vecinos de La Verdellada y se caracterizaba por un perfil combativo. “Yo era muy reivindicativo y había gente con la piel muy fina”, señala. Y cita una frase de Fernando Clavijo que, según él, resume bien la actitud necesaria para afrontar el trabajo público: “De casa se viene lloradito, aquí se viene a trabajar”.

Domínguez traza una comparación directa entre dos figuras clave del nacionalismo canario, reconociendo la potencia política de Oramas y el perfil más gestor de Clavijo. “Ani fue un monstruo político, era una locomotora, tenía un gran equipo”, afirma. Sin embargo, considera que Fernando Clavijo tuvo un rol distinto: “Fernando tuvo que ejercer más de alcalde”.

Un susto que lo marcó

Pero su trayectoria no solo ha estado marcada por la política y la gestión pública. En 2011 vivió uno de los episodios más delicados de su vida: un accidente cerebrovascular. “Fue un periodo de muchísimo estrés, tanto en lo personal como en lo político”, recuerda. Por suerte, el desenlace no dejó secuelas graves. “Tuve la suerte de que los coágulos se pudieron diluir y no hubo derrame”, explica.

Aun así, aquel momento fue un antes y un después. “Ver lo frágil que es la vida” le hizo replantearse prioridades. “Yo me preocupaba por cosas que no lo merecían”, reconoce, asegurando que desde entonces ha asumido una visión más madura del tiempo y de los problemas. “Hay cosas que no puedes arreglar, problemas que están ahí, que solo el tiempo arregla”, reflexiona.

El episodio también lo llevó a un cambio de hábitos. Desde entonces se toma más en serio el autocuidado, la actividad física y el deporte. “Me he tomado mucho más en serio el cuidarme y entrenar”, dice, defendiendo que la actividad física no es solo estética, sino salud a largo plazo. “El deporte es necesario, la actividad física es fundamental para tener calidad de vida cuando eres más mayor”.

Periodistas y comunicadores

Ya como viceconsejero, Domínguez entra en un terreno especialmente sensible: el debate sobre quién puede dedicarse profesionalmente a la comunicación institucional. Reconoce que existe una discusión abierta sobre si este ámbito debe estar reservado exclusivamente a periodistas. Y, sin cuestionar el valor del periodismo, sostiene que el ecosistema actual ha cambiado radicalmente.

“Hace 40 años, para salir en un medio de comunicación tenías que ser periodista”, señala. Sin embargo, sitúa un punto de inflexión a partir de los años noventa, cuando comenzaron a diversificarse los canales y surgieron nuevas herramientas que transformaron la manera de comunicar. “Con internet y las redes sociales empezaron a surgir otros conocimientos profesionales”, explica. Para Domínguez, ese proceso generó una separación progresiva entre periodismo y comunicación. “El periodismo se fue desconectando de la realidad de la comunicación”, afirma.

Aun así, reivindica el valor del periodista como profesional de la información. “No hay un mejor profesional que el periodista para tratar la información y convertirla en una noticia”, afirma. Pero matiza que la comunicación requiere también otras capacidades y perfiles. “Hay personas que estudian periodismo que tienen miedo escénico y, sin embargo, son los mejores haciendo estrategias de comunicación. Esto hace que haya periodistas y comunicadores”, concluye.

Las personas detrás de los medios

Desde su llegada a la Viceconsejería, asegura que una de sus prioridades fue reconstruir y fortalecer la relación entre el Gobierno y los medios, un vínculo que, según sostiene, se había debilitado durante años. “Cuando llegué, uno de los principales encargos del presidente fue enfocarme en las relaciones con los medios de comunicación, llevaban años olvidadas”, afirma.

Domínguez insiste en que la comunicación pública no puede vivir anclada en modelos antiguos. “O nos adaptamos o quedamos totalmente desplazados de los hábitos que tiene la población para informarse”, advierte, defendiendo que hoy la ciudadanía consume información a través de formatos muy diversos, más allá de la prensa tradicional.

En ese marco, destaca la elaboración del Mapa de Medios de Canarias, una herramienta que refleja la dimensión real del panorama informativo del Archipiélago. “Tenemos ya 234 medios de comunicación registrados, no solo medios, sino canales y herramientas”, explica. Y añade que si se suman los medios con los que el Gobierno de Canarias se relaciona a nivel estatal, la cifra supera los 300.

Más allá de los números, asegura que su intención no es únicamente institucionalizar el contacto con empresas mediáticas, sino construir una relación humana con quienes hacen posible la información. “Intento conectar no solo con los medios de comunicación, sino con las personas que los forman”, señala.

El viceconsejero culmina su reflexión con una defensa rotunda del papel democrático de la prensa y los canales informativos. Para Domínguez, los medios no son un actor secundario, sino un elemento estructural de cualquier sociedad libre. “Los medios son fundamentales para garantizar el ejercicio de la libertad de expresión de los ciudadanos”, afirma. Y remata con una idea contundente: “Si no hubiera herramientas, canales y medios de comunicación, no habría un contrapoder que evite la tiranía de las administraciones públicas”.

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