Mirame Tv

El escalón de la (in)dignidad

Solo 10 centrímetros impiden a Atteneri salvar el desnivel que existe para salir a la calle desde el edificio donde vive / Su familia ha peregrinado durante el último año por varias administraciones pidiendo soluciones / Viven en una casa de protección oficial

La altura  del escalón es de apenas 10 centímetros, pero son suficientes para imposibilitar que la silla de ruedas de Atteneri acceda a la calle. Esta joven tinerfeña de 24 años padece una importante discapacidad psíquica y física que la mantienen irremediablemente postrada a una silla de ruedas. Siempre ha vivido junto a su familia, de escasos recursos, en casas de protección oficial. La primera de ellas no estaba adaptada, pero como Atteneri era pequeña sus padres podían maniobrar fácilmente con la antigua silla. Desde Vivienda decidieron trasladar a la familia a una otra vivienda donde sólo había que salvar un pequeño escalón para acceder desde el edificio a la vía pública.

Con el paso de los años, Atteneri fue creciendo y precisó de una silla eléctrica más grande y confortable para ella. Atteneri depende al cien por cien de otras personas prácticamente para todo: comer, ducharse, vestirse y desplazarse, dado que la enfermedad que padece no le permite si quiera manejar la silla. Sus padres, cada vez con menos fuerza para empujar y también con algunas afecciones de salud, solicitaron hace un año el rebaje del escalón. El problema, dicen, estaría solucionado con una pequeña rampa. De esa manera, no necesitarían la ayuda de otras personas para bajar a la acera y el esfuerzo físico sería mínimo. Sin embargo, después de una peregrinación de meses por diferentes administraciones solicitando la eliminación de esa barrera arquitectónica, la familia sigue sin recibir una respuesta.

"Llevo tiempo esperando por el chaplón, desde el año pasado, y pienso que ya es hora, he estado en el Ayuntamiento de La Laguna, a Vivienda del Gobierno de Canarias, y sigo esperando porque me es imposible sacar a la niña de casa", dice Juan Antonio, su padre. Además, la enfermedad le provoca a Atteneri unas crisis que periódicamente obligan a sus padres a trasladarla de urgencia al hospital. "Si ocurre a las 4 de la mañana me veo desesperado buscando quien me eche una mano para cogerla en peso porque yo solo no puedo bajar con la silla el escalón".  A pesar de que a todas luces el caso tiene una solución sencilla y de bajo coste, los hechos siguen sin llegar y Atteneri continúa mientras encerrada en casa. Solo 10 centímetros de dignidad la separan de la calle.