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La abuela que lleva cinco años viviendo en una furgoneta

A sus 63 años, Marina Hernández sobrevive en una furgoneta y prioriza los 360 euros que percibe para alimentos y mediamentos / Asegura que si invierte esa ayuda en un alquiler no podría comer ni vivir

La crisis la dejó tirada en la cuneta, a ella y a su furgoneta Hunday blanca. Jamás pensó Marina Hernández que acabaría viviendo en la calle cuando hace menos de diez años puso en marcha su bar cafetería en el barrio del Lomo de Los Frailes en Las Palmas de Gran Canaria. El negocio no fue como ella esperaba y las cuotas de autónomo, los impuestos o la falta de auxilio por parte de los bancos terminó por hundirla. “Yo soy incapaz de darle una patada a una puerta y meterme dentro de una casa que no es mía como okupa” asegura esta abuela, cuyos hijos y nietos, residentes en Fuerteventura, desconocen en el estado en el que lleva viviendo su madre durante los últimos años.  “Mis hijos también están en una situación económica muy delicada y yo no quiero ser un estorbo para ellos”, con este argumento se reafirma en no pedir ayuda a los suyos e intenta sobrevivir con el apoyo  de una amiga de Cuatro Cañones que le permite lavar la ropa en su casa, “hasta en eso he tenido mala suerte porque por culpa de meter a lavar mi edredón en mi lavadora se la he roto”.

Marina ha elegido el Parque de la Condesa de Jinámar como su lugar móvil de residencia durante el día, sin embargo, durante las noches se siente insegura en ese lugar y mueve su furgoneta por distintos puntos del barrio. A su estado ansiolítico hay que sumarle importantes problemas digestivos, de corazón  y una avanzada artrosis que convierten en una verdadera pesadilla el momento de subir y bajar a la furgoneta dada su movilidad reducida. Fruta, galletas, papas y tomates copan su reducida despensa dentro del vehículo en el que, de forma claramente imprudente, cocina con fuego en su interior.

 

Infructuosa peregrinación por las instituciones

Al menos eso es lo que asegura Marina tras su paso por los servicios sociales del municipio de Agüimes, de Las Palmas de Gran Canaria (donde se encuentra empadronada ahora) y hasta del encuentro personal con la que fuera secretaria del ex presidente canario, Paulino Rivero. “Me dijo que ponían mi caso en rojo para darme una vivienda lo antes posible. Como no cumplían seguí acudiendo al edificio de Presidencia, pero en la entrada siempre me decían que no estaban para atenderme”.  Ha decidido aparcar su furgoneta varios días delante de la oficina de servicios sociales del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en Jinámar para que vean de primera mano su situación, pero asegura que no ha servido de nada.

 

El artículo 47, de memoria

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.” Así reza el artículo 47 de la Constitución Española. Marina no se lo quita de la boca, alude a él y lo recita cual si fuera la letra de una canción pegadiza que no se le quita de la cabeza. “Me da vergüenza contar mis miserias, salir a la luz, pero lo hago para que quien pueda, hasta el mismo señor Clavijo, me ayuden a tener una vivienda digna”.