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“Mi situación se ha agravado por las listas de espera”

Germán Hermida ya ha sido operado de la espalda pero necesita otras dos operaciones más de cadera de forma urgente para que los dolores desaparezcan. La lista de espera es de más de un año, tanto para consulta como para la operación

“Ya he puesto 22 reclamaciones en Atención al paciente”, dice Germán Hermida. Y las ha puesto de todos los tipos. Lo que empezó con un fuerte dolor en la espalda se ha convertido en una invalidez y una espera eterna. El dolor se ha extendido y se ha agravado por la lentitud en la respuesta del Servicio Canario de Salud. Germán apenas puede caminar desde hace casi dos años, sigue de baja médica, le han otorgado una invalidez y ya ha empezado a tener problemas psiquiátricos. Aún le tienen que operar de ambas caderas y sigue esperando.

Todo empezó en 2015. Germán trabajaba como vigilante de seguridad en el Hospital José Molina. Sufría dolor en la columna y fue al médico de cabecera, que le pidió la cita con el especialista y le dio la baja. Dos meses después, la inspección médica le dio el alta y tuvo que reincorporarse al trabajo. La primera consulta en traumatología se produce mucho tiempo más tarde, casi un año después de ir al médico por primera vez, cuando los dolores ya se habían trasladado hasta la pierna izquierda. Después de esa visita le piden (y le hacen) una resonancia en Hospiten pero cuando tiene que ir a por el diagnóstico le cancelan dos citas argumentando que las pruebas no habían llegado al José Molina, a pesar de que en la clínica privada le aseguran que las pruebas las han enviado y de que él mismo tiene una copia.

El diagnóstico es que tiene dos vertebras soldadas. En enero de 2017 tiene otra cita en traumatología, cuando el dolor se ha extendido a ambas piernas y no puede caminar sin muletas. Tres meses después le derivan a la Unidad del dolor, donde le hacen varias infiltraciones que no dan buen resultado, así que le piden cita con neurocirugía y con la Unidad de raquis en Gran Canaria, en el Hospital Doctor Negrín, donde le colocan en una lista de espera para operar de forma urgente porque una de las vértebras le podría partir el nervio. Le acaban operando en abril de 2018 en Gran Canaria. Cuando vuelve a Lanzarote, un mes después, comienza la rehabilitación, pero sigue teniendo dolores.

En noviembre de 2018, en la Unidad de raquis le hacen más pruebas y ven que tiene las caderas desgastadas y que el desgaste podría ser por el abuso de corticoides, aunque no es una causa definitiva, y otro doctor considera que ese desgaste está motivado por la falta de riego en la cadera, tras descartas que tenga una enfermedad ósea. Vuelve a entrar en la rueda del mismo proceso para operar, como en la primera ocasión, pero ahora necesita dos operaciones, una en cada cadera. “Y me dicen otra vez que la lista de espera es de un año”, señala.

Germán cogió mucho peso, superó los cien kilos por la poca movilidad y por la medicación. Ahora ha adelgazado treinta kilos pero sigue esperando y apenas sale de casa. Ha mejorado algo: “Antes ni me vestía ni me duchaba solo”, señala. Sin embargo, no está bien: “Mi situación se ha agravado por la lista de espera -asegura-, si me hubiera visto antes el traumatólogo, la lesión no se habría extendido tanto y ahora me puedo quedar en silla de ruedas”. Todavía sigue tomando calmantes “pero no hay calmante que cure esto”, dice, y no es conveniente abusar por el deterioro del hígado y del cerebro. Dice que, por otra parte, está “hundido psicológicamente” porque necesita ayudar ante una situación familiar difícil por la que está pasando. “Tengo 41 años y quiero volver a trabajar y a sentirme útil”, afirma. Echa de menos las cosas más básicas y poder hacer una vida normal: pasear, salir a dar una vuelta con la familia, ir a la playa, llevar a sus hijas a alguna actividad o poder viajar a Galicia a ver a la familia.

Además, problemas laborales

Por el camino, a Germán se le han acumulado los problemas. Prosegur, la nueva adjudicataria del contrato de seguridad del Hospital José Molina no le subrogó (a pesar de que llevaba diez años en ese trabajo) cuando estaba de baja y se quedó sin estar dado de alta en la Seguridad Social y sin

poder cobrar la baja. Llegó a un acuerdo con una mutua que le pagaba descontándole el dinero que le pertenecía por el desempleo. Tuvo que denunciar e ir a juicio, ganó y le readmitieron pero la empresa no le paga la diferencia salarial no cobrada. Ahora tiene una incapacidad permanente total para su profesión con un 55 por ciento de la base reguladora y cobra unos 620 euros al mes.

Por otro lado, el Defensor del paciente ha solicitado a la Fiscalía de Canarias que investigue este caso de agravamiento de la salud por las listas de espera por si pudiera ser constitutivo de delito.