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Catorce familias 'encuentran la esperanza' en un edificio abandonado de Taco

Tienen en común que lo han perdido todo y han ocupado un edificio como remedio desesperado a su situación / Aseguran que el ayuntamiento lagunero "no ha querido escucharles” / Según el INE, los canarios en riesgo de pobreza o exclusión ya son tres de cada diez

La primera persona que ‘dio la patada’ y se metió en este edificio abandonado del barrio lagunero de Taco fue Alberis. De eso hace más de tres años. Alberis trabajaba en un centro geriátrico como auxiliar y al perder su trabajo se vio en la calle. No se lo pensó dos veces y decidió ocupar un edificio que por entonces era un auténtico esqueleto de bloques y hormigón. La empresa que había empezado a construir esta promoción de viviendas en pleno centro del barrio, en la Calle Méjico, dejó la obra a la mitad al quebrar, y al propietario de la constructora no se le ha vuelto a ver por allí en diez años, según los propios vecinos de la zona. Cuando Alberis accedió al inmueble no quedaba absolutamente nada, ni siquiera la baranda de la escalera, ni las ventanas de las viviendas, ni los marcos de las puertas. El edificio era un foco de venta y consumo de droga, y constantemente se producían incidentes en los que intervenía la Policía. Alberis abrió la veda a que otras familias comenzaran a instalarse allí para formar una especie de comunidad donde, aseguran, “han encontrado la esperanza” a su situación.

Alberis deja claro que lo único que ha intentado durante todos estos años es “ayudar como puedo y lo que puedo a la gente que está en paro, que no tiene dinero ni para comer o que ha perdido sus hogares”. Su nueva vecina, Nira, lleva apenas 3 meses en el edificio. Es peluquera y, con los empleos que consigue esporádicamente, cada mes entran en casa poco más de 200€. Su pareja lleva en paro 6 años pero asegura que han hecho “lo posible” por seguir formándose, “haciendo cursos y echando currículums”. Antes de terminar en este edificio (Nira tiene un hijo de 7 años), dice que intentó “todas las fórmulas posibles para no llegar a este extremo, pidiendo ayuda a la administración pero sin respuestas”. Nira dice que el edificio es “un sitio digno” donde no hay mal ambiente, ni drogadicción, ni basura, “que esté aquí no significa que no sea una madre responsable”, matiza.  

Las catorce familias que durante los últimos tres años han ido ocupando el edificio lamentan que “se nos señale con el dedo” porque “llevar una vida como esta no es nada fácil”. De hecho, muchas de las viviendas no tienen suministro eléctrico y utilizan garrafas de agua para ducharse cada día. El caso de Blanca es sumamente curioso, su vinculación con las familias del edificio empezó porque decidió echarles una mano como voluntaria, “con el paso del tiempo me quedé en paro y una de las viviendas estaba vacía, no tuve más remedio que venirme a vivir aquí, pero no tengo a mi hijo conmigo porque no me gusta tener que bañarlo con garrafas de agua ni creo que sea el mejor ambiente para un menor”. En el caso de algunas familias, llevan más de 20 años apuntados a las listas de vivienda pública del Gobierno canario y siguen a la espera de que, más pronto que tarde, sus nombres aparezcan en el sorteo.

Nidia lleva dos años viviendo aquí, con sus dos hijos. Al perder su trabajo se fue a vivir con su abuela, única persona que podía recogerles. Pero la abuela de Nidia falleció y el banco se quedó con la casa porque Nidia no pudo afrontar la hipoteca. “Nos echaron de allí y me vi en la calle, los vecinos conocían mi situación y me invitaron a venirme a vivir a este edificio”. Nidia cobra 170€ de ayuda por sus hijos y el padre no le pasa la manutención, por lo que trabaja esporádicamente limpiando escaleras o cuidando niños para “por lo menos poder comer todos los días”.

Edey actúa como presidente de la comunidad. Es un joven que ha luchado durante los últimos años para que “el ayuntamiento escuche nuestra situación”. Edey cuenta que han acudido en numerosas ocasiones a los servicios sociales, tanto de Taco como de La Laguna, y “creemos que no se nos quiere escuchar, incluso hemos pedido cita para hablar con el alcalde, para que sepa quiénes vivimos aquí, nuestras condiciones, cómo es la situación, para que sepa que vivimos con niños, pero siempre está reunido y nunca nos ha atendido”. Edey es conciente de que están realizando una ocupación ilegal y dice entender que “no nos van a ayudar con un alquiler pero un vale de comida no se le niega a nadie, y se nos ha negado por no estar empadronados”. Edey durante los dos últimos Reyes no ha podido entregar regalos a sus hijos y considera que “es feo criar a los niños en un ambiente así, uno siente que se ríen en tu cara, pero por lo menos somos una gran familia porque todos estamos igual”. Estas catorce familias aseguran vivir con el miedo de no saber qué pasará mañana con ellos porque “de un momento a otro nos pueden echar de aquí y de nuevo perderlo todo”.

 

Nuevos datos de la pobreza en Canarias

La encuesta de condiciones de vida que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE), hecha pública recientemente, dibuja un panorama de la pobreza en Canarias demoledor. Casi tres de cada diez canarios están en riesgo de pobreza o exclusión, lo que supone el 27,7% de la población, y el número de hogares de las Islas que no pudieron afrontar gastos imprevistos se elevó al 68% durante el 2014. Lo cierto es que los datos de pobreza en el archipiélago no han hecho sino que empeorar durante los últimos 5 años. Sólo mejora, y lo hace tan solo con una bajada de ocho décimas, el número de hogares que llega a final de mes ‘con mucha dificultad’, que se sitúa en un 16,1%.